Que levante la mano quien haya recibido el presupuesto de investigación que solicitó

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por Richard Woolley, investigador en INGENIO (CSIC-UPV)

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Parece que hace mucho tiempo desde que la expresión de John Ziman de “ciencia estacionaria” describiera con precisión el punto crítico a partir del cual la demanda por los recursos públicos que financian la investigación científica superaría ya siempre su oferta. A partir de entonces, la decisión acerca de cómo asignar estos recursos entre solicitudes competitivas devendría una de las tareas centrales de la política de investigación y de su gestión.

La calidad científica ya no sería suficiente en sí misma para justificar la obtención de financiación. Los proyectos científicos serían jerarquizados atendiendo a sus méritos. La ciencia mejor y más importante sería financiada y el resto no. Las tasas de éxito en las convocatorias competitivas descenderían. Los mercados competitivos se convertirían en una analogía de la financiación de la investigación, combinados además con nuevas estructuras de autoridad que supervisarían de cerca la ejecución del gasto. El advenimiento de la crisis financiera a partir de 2008 condujo a la ralentización en el crecimiento de la financiación de la ciencia en muchos países y a auténticas reducciones presupuestarias en otros, poniendo aún más presión sobre los mecanismos de asignación.

La lógica subyacente es que ante la escasez de los recursos disponibles, solo la ciencia de mayor calidad debería seguir haciéndose, pero se hará bien. Sí, hoy en día los investigadores y los financiadores se entregan a un ritual de seducción según el cual los primeros abultan ligeramente sus presupuestos anticipando recortes y los segundos recortan los presupuestos ligeramente, sospechando que han sido abultados. Pero el principio de ‘financiación suficiente para la ciencia de mayor calidad’ prevalece.

Sin embargo, existen varias formas de repartir un pastel. Y eso es precisamente lo que ha estado ocurriendo con la financiación de la ciencia.

El planteamiento de algunos sistemas y programas ha sido el de mantener altas tasas de éxito en las convocatorias competitivas, a través de la práctica de la infrafinanciación sistemática de los proyectos. En España, por ejemplo, el sistema del café para todos en la asignación de recursos es el resultado esperado en el programa público competitivo más prestigioso que financia la investigación científica. Los investigadores aspirantes esperan recortes en sus presupuestos, a menudo muy cuantiosos. El presupuesto de las propuestas de proyectos para la contratación de estudiantes de doctorado y post-doctorado es denegado con frecuencia, reduciendo sistemáticamente la capacidad de investigación, comprometiendo las trayectorias profesionales de los jóvenes investigadores y la sostenibilidad del sistema en su conjunto.

El sistema de café para todos, al menos en España, erige su fortaleza sobre su arraigo cultural y su aceptación como mecanismo para paliar la escasez de recursos sin que nadie se vea totalmente privado de financiación y gracias al cual casi todo el mundo logra sobrevivir. Como filosofía social parece muy recomendable. Pero ¿es éste un principio razonable para la asignación de recursos de investigación?

Por una parte, la amplia distribución de los recursos hace posible que más investigadores hagan algo de investigación, manteniendo así su identidad como científicos. Esto es de una importancia crucial. No obstante, esta identidad puede también verse desvirtuada si los recursos insuficientes fuerzan a los científicos a trabajar por debajo de sus propios estándares de calidad.

Por otra parte, hay evidencia que sugiere que existen razones para estar preocupados. La infrafinanciación sistemática de los proyectos de investigación – el sistema de asignar a cada proyecto solo una parte del presupuesto solicitado – tiene como resultado que se lleven a cabo más proyectos. Pero ¿pueden ejecutarse adecuadamente estos proyectos con solo una fracción del presupuesto estimado necesario? La respuesta es que no lo sabemos y esto podría estar tapando un serio problema.

Es probable que si, de una forma u otra, los proyectos no se pueden desarrollar adecuadamente, esto tenga consecuencias científicas (epistémicas), tales como cambios forzosos en las preguntas de investigación, métodos, equipos y personal, lo que impacta sobre la dirección y la calidad de la ciencia que se lleva a cabo.

La naturaleza precisa de las consecuencias científicas de la infrafinanciación puede variar, en función del recorte presupuestario y del tipo de ciencia implicada. Tomando un ejemplo real de las ciencias sociales, el Proyecto X fue diseñado para desarrollar un estudio multi-método a partir de dos fuentes principales de datos primarios: una encuesta a gran escala, seguida de una serie de entrevistas. A pesar de recibir una financiación considerable y unas evaluaciones excelentes de la propuesta, los recursos asignados al proyecto implicaron un recorte del 60% sobre el presupuesto solicitado. Sin indicar ninguna crítica, ni aportar ninguna recomendación acerca de la ejecución del proyecto, se dejaba en manos de los investigadores la decisión de cómo proceder.

Fue necesario elegir entre ejecutar todas las tareas previstas por el proyecto pero sin ser demasiado ambiciosos o seleccionar algunas tareas y ejecutarlas con rigor. Los investigadores optaron por la segunda opción: se diseñó y pre-testó rigurosamente una encuesta a gran escala que generó una base de datos de alta calidad, la cual constituirá la base de varias publicaciones científicas en revistas punteras en el campo de los investigadores. La serie de entrevistas no se realizó. Este tipo de trabajo consume bastantes recursos y no podría llevarse a cabo con el 40% del presupuesto original del proyecto.

Las consecuencias científicas de la infrafinanciación del Proyecto X están claras. Los modelos y análisis estadísticos llevados a cabo cuidadosamente a partir de los datos de la encuesta permitirán a los investigadores confirmar o refutar sus hipótesis respecto a los factores que influyen en el fenómeno social objeto de investigación. Sin embargo, no podrán hacer el trabajo de campo previsto y preguntarle a una selección de las personas que respondieron a la encuesta por qué esto es así. Esto quiere decir que no podrá realizarse la tarea crucial de identificar los mecanismos causales que producen los efectos observados a través de la encuesta. El Proyecto X tendrá éxito en la identificación de fenómenos importantes, pero fracasará en la tarea de explicarlos.

Imaginen este tipo de historia repetida una y otra vez, proyecto tras proyecto, año tras año. Es fácil imaginar que las consecuencias epistémicas de la infrafinanciación de los proyectos pueden ser amplias y profundas y que pueden afectar a la estructura misma del conocimiento que los científicos están produciendo. Esto es preocupante.

Una de las ironías de esta situación es que los organismos que infra-financian la investigación reciben los mismos agradecimientos que aquellos que la financian completamente, lo cual no parece oportuno.

Puede haber llegado el momento de que los agradecimientos a la financiación que acompañan la publicación y diseminación de resultados se vuelvan más trasparentes, dando el detalle no solo de la financiación recibida sino también de la proporción de los recursos solicitados que fue financiada, lo cual podría acompañarse también por una descripción de cómo tuvo que modificarse el proyecto para ajustarse a los recursos disponibles.

Se desconocen muchos detalles acerca de las prácticas de infrafinanciación de los proyectos. ¿Se infra-financian los proyectos en todas las áreas de conocimiento? ¿Existen especialidades o disciplinas más sujetas a recortes que otras? ¿Existen procedimientos para determinar el nivel de recortes que se aplican a las propuestas de proyectos? ¿o es aleatoria la cuantía del recorte? ¿o dependiente del evaluador?

Mientras las consecuencias epistémicas de la infrafinanciación sistemática de los proyectos se mantienen en las sombras, parece imprudente que esperemos a que los efectos perniciosos empiecen a aflorar para ponernos serios y empezar a hacer preguntas. Es urgente investigar los efectos de la infrafinanciación de la investigación. También lo son un mayor grado de transparencia y de rendición de cuentas por parte de quienes toman las decisiones de financiación. En una época de inquietudes crecientes acerca de la calidad y la validez de los artículos científicos e incluso de sub-campos enteros, parece perverso, desde la perspectiva de la salud epistémica de la ciencia en el largo plazo, continuar con la arriesgada práctica de la infrafinanciación de los proyectos, incluso si ésta parece tener mucho sentido desde un cortoplacista punto de vista político.

¿Tienes alguna historia que contar acerca de cómo lidiaste con un presupuesto de investigación recortado? Si estás interesado/a en compartir tu historia puedes escribir a ricwoo@ingenio.upv.es o si lo prefieres deja un comentario en este blog.

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